Cada final deja abierta la puerta para un comienzo.

“Cómo en el sueño, la naturaleza de Vida/ Muerte/Vida en su forma más salvaje es tan simple como una graciosa exhalación (Final) e inhalación (principio). La única confianza requerida es saber que cuando hay un final habrá otro comienzo”

Clarissa Pínkola Estés – Mujeres que Corren con los Lobos

Pero para llegar a ese comienzo, es necesario sumergirse en la profundidad del dolor que representa ese final y renacer de a poco, como el Ave Fénix.

Refugiarse en la caverna para volver a salir al mundo, con otra fuerza, con otro aprendizaje.

Habrá quienes sentirán ese final cada vez que les llega su regla, otras personas lo sentirán cuando aparece la primera pérdida, la segunda, la siguiente. O cuando se topan con un algo parecido a un profesional de la salud que lejos de un abrazo contenedor ofrece la primera frase que se le aparece cuasi en una asociación libre donde la empatía se esfumó…

 “Sos joven mami, ya lo vas a superar”

“Ya vas a tener un bebé”

 “Hacé tu duelo por esta etapa, hay muchos otros métodos a los que podés recurrir”.

Mónica Álvarez en su libro “Las voces olvidadas” nos dice lo siguiente: (…) “No hay curas ni atajos para el duelo. Es un camino que necesariamente hay que transitar. Algunos estudios demuestran que la medicación, que en ocasiones se da para atenuar algunos de los síntomas, sólo aplaza lo que inevitablemente hay que vivir. Y no sólo eso, sino que evita que el cerebro cree las conexiones necesarias para poder transitar el duelo y crecer a través de él.

Será más difícil transitar si uno desconoce los procesos de la propia psique. (…) Lo más interesante es contar con la mano de alguien que nos acompañe en el camino, guiándonos, recordándonos que al final del túnel, de nuevo, veremos la luz(…)”

El dolor de cada duelo, duele mucho. Cada uno sabrá cuál es la medida del dolor de su zapato.

Hablar de eso que  duele.

Y ¿Qué es el dolor?

Uno podría responder a este interrogante rápidamente con el diccionario de la Real Academia y decir que tiene que ver con el pesar, la tristeza, la pena, el sufrimiento… y/ o con una sensación en una parte del cuerpo… o en todo el cuerpo.

El duelo es un  proceso y como tal, requiere su tiempo.

Es un  camino que necesita ser recorrido y transitado en el que será fundamental el acompañamiento  para que en ese arte de dar a luz, podamos dar a luz una nueva versión de nosotros mismos.

Entonces tal vez… y siguiendo con esta metáfora del dar a luz, si pensamos que la mayeútica es el arte de dar a luz, el duelo se transforme entonces, en el  arte de bucear en la oscuridad del dolor para poder encontrar nuevamente esa luz y con ello, una nueva versión de nosotros mismos.

 

Carolina Sujoy

Psicóloga – Psicoanalista con formación en Psicología Perinatal  y Primera Infancia

Coordinadora de Mamá Hamaca

Coordinadora de la Comisión de Investigación y Trabajo de Niñez y Primera Infancia del Colegio de Psicólogos Distrito XV. – Pcia. de Buenos Aires.

Miembro de Psicólogas Acompañando la crianza respetuosa

Miembro de El Parto es Nuestro Argentina

Miembro de IAN (International Attachment Network) Argentina

Miembro de la Comisión de Psicología Perinatal del Colegio de Psicólogos Distrito XV – Pcia. de Buenos Aires.

 

lic.carolina.sujoy@gmail.com

 

Fuente: Propia

Citas:

Clarisa Pínkola Estés “Desatando a la mujer fuerte”

Mónica Álvarez “Las voces olvidadas”luz al final del tunel

Fotografía: Internet

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