Bucear en la oscuridad y salir a la luz

curly-woman

“Hablar de lo que duele, duele y mucho.

Uno podría pensar que si la mayeútica es el arte de dar a luz,

el duelo es el arte de bucear en la oscuridad del dolor

para poder encontrar nuevamente esa luz.”

Carolina Sujoy

El dolor duele.

Duele más. Duele menos, toma distintas formas, se colorea hacia una paleta de grises oscuros y en algunos casos, ennegrece por un tiempo el entorno de quien lo padece y de quienes lo rodean.

Lo cierto es que el dolor duele.

¿Cuánto?

¿Mucho?

¿Poco?

¿Con qué intensidad?

¿Cuánto tiempo?

¿Cómo explicarlo si tantas veces no se encuentran palabras no?

Duele y punto.

Duele cuando se pierde a un ser querido, cuando se pierde una ilusión, cuando lo que nos sucede no es lo que imaginábamos, cuando se intenta todo y más, pero las cosas no salen como uno más desea. Duele cuando alguien interviene en tu vida de un modo en que no solicitaste y eso desencadena una serie de sucesos in imaginados.

Duele.

Cuando el abrazo nunca llega, cuando la palabra de alivio se transforma en su contrario, cuando se esfuma lo que vos necesitás para acompañar ese dolor y se prioriza lo que sucede en tu entorno.

La significación e intensidad del dolor  varía en cada una de las personas que habitan el planeta.

Uno  podría aventurarse a pensar que cuando es a uno al que le duele, sólo uno sabe lo que necesita y en general, recibe otra cosa. Entonces, vuelve a doler. Quizás sería más fácil pedir, pero en ese momento de tanto dolor, quizás no se tienen ni fuerza ni ganas para hacerlo.

Sea como fuere, cuando el dolor se apodera de nosotros, pareciera tratarse de un momento de repliegue. Es una retirada, al menos energéticamente hablando,  del mundo tal y cómo lo conocíamos. Mundo al que seguramente volveremos, liberados y con un aprendizaje. Pero ahora, es momento de ausentarnos de lo mundano y cotidiano para presentarnos ante nosotros mismos.

Es una vuelta hacia nuestro eje, un repliegue hacia nuestro ser. Hacemos una especie de “rulo hacia adentro”. Es un retorno hacia nuestra propia caverna, a nuestra guarida, a esa posición calentita que imita ese momento primitivo, primario.

Pareciera ser que necesitamos  volver a esa posición, para conectar con nosotros y sanar. Y desde ahí, de a poquito, salir nuevamente a la vida. Volver a nacer, renacer desde las heridas, desde las cenizas, como el ave fenix pero esta vez, (como las tantas otras)  con un aprendizaje nuevo.

Sólo se trata de vivir, vivir a pleno, el dolor también para poder capitalizar cada una de sus visitas a nuestras vidas y devolverlas al mundo con nuestro aprendizaje.

Imagen: Hans Neleman

Lic. Carolina Sujoy

Psicóloga

Coordinador a de Comunidad Mamá Hamaca

Miembro de Psicólogas que acompañan la crianza respetuosa

lic.carolina.sujoy@gmail.com

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s